miércoles, 22 de agosto de 2012
Estábamos todos tomando unas cositas en un bar de Atenas, como era de costumbre. Estábamos de risas y bebiendo, cuando apareció un chaval moreno, de unos no más que 16 años, como nosotros. Pedro, uno de mis amigos que estaba allí, le saludó, puesto que eran amigos y se sentó con nosotros y hablamos durante unas horas… Al cabo de unas, más o menos, 3 horas, el tema de conversación pasó a ser historias de miedo, puesto que ya había anochecido y nos encontrábamos ahora en un botellón en un descampado. Nos contábamos historias terroríficas y acabamos realmente asustados o mejor dicho cagados hasta las patas. Entonces Gonzalo, el chaval este tipo gótico, amigo de Pedro, dijo que conocía una forma de ver al Diablo. Le escuchamos con, la verdad, una atención de cuando te cuentan un chiste. El procedimiento que hay que seguir es el siguiente: (Textualmente)”En Nochebuena, justamente a las 12 de la noche, el Diablo hace la inspección en la Tierra, la única en el año, así que si queremos verle tiene que ser ese mismo día a esa misma hora. Vete al baño, puesto que es el lugar más propicio para realizar el evento, y cerrarla puerta. Enciende 12 velas, al poder ser negras, y sitúate enfrente del espejo. Cuando quede poco para que sean las 12, cierra los ojos y sitúate, como dije antes, enfrente del espejo. Mantenerlos cerrados hasta que quede solo una campanada de las doce que debe sonar. En ese segundo verás al Diablo en el espejo” Todos nos lo tomamos a broma, pero Héctor, otro amigo con el mayor valor que he visto nunca, dijo que lo haría sin problema. Estábamos a 20 de Diciembre, así que en cuatro días lo haría, solo pedía que hubiese un testigo, y que sería en su casa. Ese testigo fui yo. 24 de Diciembre, las 23:45. Todo preparado y nadie que nos moleste. Entró Héctor solo, yo tengo mucho miedo a esas cosas. Se cerró la puerta y esperé sentado afuera. Las campanadas sonaron, y yo estaba al acecho de que algún ser estuviese espiando para darme un susto, pero no pasó nada. Suspiré, aliviado, y llamé a Pedro. No contestó. Atemorizado, abrí la puerta de un golpe, y encontré a Héctor en el suelo, agarrándose el corazón. Y en el aire se olía el inconfundible rastro del azufre. Llamé a la ambulancia a toda prisa y como pude, y se lo llevaron al hospital. Le diagnosticaron un infarto al corazón a causa de un sobresalto, una crisis nerviosa. Yo no pude dormir durante meses, hasta que fui tratado por un psicólogo. Cuando por fin Hector se recuperó, me dijo a mí sus primeras palabras: “Lo he visto … Tengo mucho miedo” Ya pude volver a dormir, pero Héctor no es ya el mismo. Recuperó algo de su vitalidad, pero aún se le nota muy apagado, triste, sin nada de ganas. Dicen que es porque el infarto lo deja a uno mal. No fue eso: fue lo que vio en el espejo. Y estará así hasta que se muera
Esta historia va sobre una niña de 9 años, hija única de padres de gran influencia en la política local; esta niña tenía todo lo que hubiese querido y deseado una niña normal, con buena educación, pero con una soledad incomparable. Sus padres solían salir a fiestas de caridad y reuniones del ámbito político, y la dejaban sola. Todo cambió cuando le compraron un cachorro de raza grande para que cuidase a la niña cuando creciera, pasaron los años y la niña y el perro se volvieron inseparables. Una noche como cualquier otra los padres fueron a despedirse de la niña; el perro, ya acostumbrado a dormir con la niña, se tumbaba bajo de la cama. Los padres se fueron y pronto la niña se sumió en un sueño profundo, aproximadamente a las 2:30 de la madrugada, un fuerte ruido la despertó, eran como rasguños leves y luego más fuertes. Entonces, temerosa, bajó la mano para que el perro la lamiese (era como un código entre ella y el perro) al sentir su lengua en la mano se tranquilizó y durmió otra vez. Cuando se despertó por la mañana descubrió algo espantoso: En el espejo del tocador había algo escrito con letras rojas. Cuando se acercó, vio que era un rastro de sangre que decía así: “NO SÓLO LOS PERROS LAMEN”. Entonces dio un grito de terror al ver a su perro desangrado en el suelo de su habitación. Se dice que cuando los padres la encontraron ella no decía otra cosa más que: “¿Quién me lamió?” y decía el nombre de su perro, se volvió loca y hasta la fecha está en un manicomio y sus padres, tratando de olvidar lo que hallaron en el cuarto y a su hija, se fueron al extranjero. La incógnita más grande es: según los que fueron a investigar al cuarto de la niña, el perro ya estaba muerto, desangrado en el suelo, desde hace horas. ¿Quién le lamió la mano a la niña debajo de la cama?
Un día viernes a la tarde como siempre acostumbrábamos juntarnos en una casa a comer, a beber algo y charlar, eso fue lo que hicimos... Eramos siete Ciro, Joel, Nahir, Edgar, Catriel, Brian y Yo. Fue cuando de repente Ciro hizo una propuesta de ir andando al cementerio de noche y jugar con las tumbas. Brian era el más temeroso y el que mas creía en fantasmas y cosas sobrenaturales. Sin darnos cuenta, ya había caído la noche y rápidamente empezamos a preparar las cosas que llevaríamos, fue cuando miramos a Brian, el estaba temblando y sudando, rápidamente se negó a ir porque hacia poco tiempo le habían contado de que allí habían sucedido cosas extrañas. Él intento convencernos de no ir, pero nosotros no hicimos caso. Brian decidió no ir, mientras se iba nosotros nos largamos a reír, agarramos nuestras mochilas y tomamos rumbo. Eran las 11:30 pm y todavía nos faltaban 2 kilómetros para llegar, el camino era de tierra y era muy oscuro, llegamos a un parte donde los arboles parecía que caían sobre nosotros, en ese momento el miedo empezó a apoderarse de nosotros, luego Nahir el que no le temía a nada, empezó a acelerar el paso y alejarse de nosotros, no le prestamos atención. Luego de unos segundos Joel pregunto por el, lo veíamos a lo lejos que iba con una remera blanca. Empezamos a sospechar porque él tenia una remera azul. De tanto correr se perdió en la oscuridad, y nosotros empezamos a gritar que por favor viniera. Pasaron 2 segundos cuando de repente, Nahir salió de los arboles al lado nuestro y preguntó porque gritábamos. Nos mirábamos entre nosotros y nos preguntábamos... ¿Que había pasado?, si a Nahir lo vimos correr, un millón de preguntas surgieron en el momento. Seguimos caminando hasta que llegamos. Empezamos a bromear, cuando a Edgar le sonó el teléfono, era un número desconocido, atendió pero nadie respondía y se cortó. El advirtió de que lo habían llamado, y devolvimos la llamada esperamos unos segundos y a lejos se escuchaba el sonido de un teléfono, cortamos la llamada y empezamos a correr a la salida, sin darnos cuenta que nos habíamos perdido. Luego observamos a Joel que nos quería decir algo, porque había visto una sombra extraña, él nos decía de que había visto a una mujer vestida de blanco flotando pidiendo ayuda a gritos, empezamos a temblar, todos agarramos los teléfonos para llamar a alguien para que nos viniera a buscar, pero nadie tenia señal. Todos estábamos en estado de shok, recordé que en la entrada había un arbusto, justo lo vi a lo lejos, y les avise a los demás, empezamos a correr despavoridos, logramos salir, hicimos 3 pasos y las puertas del cementerio se cerraron. Nos sentamos en un banco cercano a descansar, a lo lejos escuchamos carcajadas y risas burlonas, estábamos volviendo cuando de pronto algo empezó a corrernos, no recuerdo muy bien que era, mis amigos dicen que era una especie de perro, otros dicen que eran sombras, llegamos al pueblo, cada uno se marchó a su casa. Pasaron mas de 2 semanas hasta que pudimos recuperarnos de ese encuentro con la muerte. Este hecho sucedió el día viernes 3 de marzo de 2012.
Me paso a mi cuando era joven; una noche de fiesta cuando el calor y el frió peleaban y ninguno se resistía a perder, la juventud nos íbamos a la playa a bailar en unos bares de verano que abrían hasta muy tarde. Estábamos un grupo de chicos pasándolo bien cuando me dispuse a tomar aire fresco, y vi una chica cerca de la orilla vestida con un vestido largo y de tirantes, me llamo la atención me acerque a ella, cuando estuve junto a ella vi que era preciosa y estaba triste. Le dije que si se sentía sola, la invite a estar juntos, bailamos, charlamos en la orilla de la playa, ella sintió frió y le ofrecí mi chaqueta, luego nos dispusimos a irnos; la acompañe hasta la puerta de su casa y allí tuvimos una despedida muy dulce, con un beso. Quedamos para el día siguiente, así ella me devolvería mi chaqueta y yo la volvería a ver, pues sentía algo en mi interior por ella. A la mañana siguiente deseoso de encontrarme con ella, toque a su puerta y salió un señor con el gesto abatido, pregunte por la chica, me dijo que broma mas macabra era esa, que si no respetaba el dolor de las personas, entre gritos y lágrimas me dijo que su hija llevaba un año muerta y cerro la puerta. Entre en horror y pena no entendía lo que sucedía, verifique que fuese la casa a la que la lleve y bese aquellos labios tan dulces, me vino a la mente ir al cementerio así confirmaría su historia, mientras buscaba sin parar y sin saber donde. En una lapida muy lejos note mi chaqueta, me acerque y al recoger mi chaqueta observe la lapida que tenia en ella la foto de la misma chica que bese la noche anterior.
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